SEMINARIO NACIONAL: «FRUTICULTURA SUSTENTABLE, DESAFIOS Y OPORTUNIDADES PARA LA AGRICULTURA FAMILIAR CAMPESINA»

La Federación Nacional de la Fruticultura Familiar Campesina, FEDAFRUC, forma parte activa de la Mesa Nacional de la Fruta Fresca, instancia que es convocada por el Minagri  y tiene como objetivo reunir a los sectores público y privado para avanzar conjuntamente hacia una fruticultura más competitiva y sustentable.

Para FEDAFRUC era importante realizar este seminario técnico, para que el sector de la  AFCI conociera -por parte de expertos- los alcances de desarrollar una fruticultura sustentable. Por ello, la Federación y ODEPA organizaron este primer seminario denominado “FRUTICULTURA SUSTENTABLE, DESAFIOS Y OPORTUNIDADES PARA LA AGRICULTURA FAMILIAR CAMPESINA”, orientado principalmente a pequeños productores de fruta de todo Chile.

En esta oportunidad se explicó qué es la sustentabilidad, y se dieron a conocer las herramientas que tienen algunas instituciones del Estado, para apoyar a aquellos productores que quieren adoptar este sistema productivo. Esta actividad  se realizó en forma virtual el martes 8 de Septiembre del 2020, de 15:00 a 17:00 hrs.

La actividad congregó a más de 82 participante de todo Chile, y fue catalogada por FEDAFRUC como un éxito, ya que junto con colocar un tema técnico en la agenda AFCI, es también el inicio de otras actividades técnicas que se impulsarán, donde tiene urgencia definir como enfrentar el impacto que está teniendo el COVID19 en la calidad y seguridad alimentaria del sector AFCI.

A continuación presentamos el desarrollo del seminario virtual “FRUTICULTURA SUSTENTABLE, DESAFIOS Y OPORTUNIDADES PARA LA AGRICULTURA FAMILIAR CAMPESINA”.

La obligada reconversión que impone el cambio climático

Para el 2050, la temperatura aumentará 2,5 grados Celsius.-

Alza de temperaturas, menor cantidad de heladas, lluvias en primavera y baja en la disponibilidad de agua, entre otros, condicionan al agro. Según proyección hecha por Ciren, cambiará las condiciones en muchas zonas apropiadas para generar determinado producto, mientras que otras aumentarán sus posibilidades para recibir, incluso, cultivos nuevos.

Según un informe del Ministerio de Medio Ambiente, para el año 2050, la temperatura aumentará 2,5 grados Celsius, lo que representa un 14% más respecto a la realidad actual.

VNuevas oportunidades productivas abriría el cambio climático en Tarapacá y en Biobío. Más temperatura, menos cantidad de heladas, menor disponibilidad de agua son parte de la nueva realidad que está a la vuelta de la esquina y que cambiará el mapa productivo nacional, ya que mientras algunas zonas tendrán que bajar la intensidad de producción o cambiar de rubro, otras adquirirán las condiciones para aumentar sus cultivos o recibir nuevas especies.

Será una reconversión obligada, ya no por temas comerciales, de mercado o para colocar variedades más productivas como ocurre actualmente, sino que simplemente por las nuevas condiciones que impone el clima.

Para aprovechar estas nuevas opciones se requiere que las comunidades y productores locales tomen medidas para adaptarse a los nuevos tiempos, es la conclusión que deja un estudio realizado por el Centro de Investigación de Recursos Naturales, Ciren, que desarrolló un atlas de zonificación hídrica para dos zonas del país, Tarapacá, en el norte, y Biobío, por el centro-sur, que anticipan lo que podría ocurrir a nivel nacional en solo 10 años más.

En el atlas se hace una proyección al año 2030, considerando el cambio climático y el aumento en la temperatura del planeta, y cómo afectará esto a las plantaciones, principalmente por la disponibilidad de agua en los suelos. A partir de eso, se esboza qué cultivos podrían ser los más adecuados, según cada zona específica estudiada, por condiciones climáticas e hídricas, y que al mismo tiempo permitan recuperar la capacidad agrícola.

Según un informe del Ministerio del Medio Ambiente, para el año 2050, la temperatura aumentará 2,7 grados Celsius, lo que representa un aumento de 14% respecto de la realidad actual. De ahí la preocupación por estudiar cómo prevenir y planificar para que el agro local no pierda potencial.

Algunos de los riesgos que se ven para la zona norte son perder la tradición agraria étnica y por ende que se produzca una migración desde lo rural a lo urbano, perdiendo mano de obra que se dedique a la agricultura.

«Algunos pierden y otros ganan. Por eso es que se habla de traslado o migración de la agricultura del norte hacia el sur. Más al sur van a ir subiendo las temperaturas y mejorarán las condiciones para los cultivos», explica Horacio Merlet, agrónomo del Centro de Información de Recursos Naturales.

Parte de las advertencias que hace Ciren, para el caso de la zona del Biobío es que en 2030 aumentarán los días de calor, disminuirán las heladas, serán más las lluvias en primavera y bajarán las horas de frío en invierno. Además, el alza de las temperaturas aumentará la demanda hídrica, por lo que, insisten, es prioritario que se mejoren las tecnologías para hacer un uso más eficiente de los recursos hídricos en todo el país.

Clave son las inversiones en riego

En el caso de la agricultura del desierto -que por ahora vive lo contrario, con la emergencia del llamado invierno boliviano que trajó inundaciones y aluviones-, el cambio climático, afectará los ya escasos recursos hídricos de la zona, superficiales como subterráneos.

Los cambios hídricos y de temperatura provocarán una migración de cultivos. Así, si en las zonas altiplánicas se podía dar la quínoa, aún cuando las precipitaciones estaban en el límite para abastecerla con agua, al 2030 estas siembras deberán trasladarse más al sur, lo que impactará directo en comunidades locales que dependen de esos cultivos para su alimentación y para generar ingresos. Es el caso de Camiña, que hoy tiene una muy buena aptitud para producir quínoa, pero de acuerdo al estudio, en 15 años más ya no será tan buena y bajará a niveles medios o bajos, por el aumento de las temperaturas.

Pero no todo son malas noticias. El estudio también muestra que especies que hoy no se están considerando, como el tumbo -parecido al maracuyá-, el capulí -cerezo negro, cuyas flores, corteza y fruto tienen múltiples propiedades- y el guacatán, entre otros, podrían tomar un lugar destacado en zonas precordilleranas de la región, porque al ser locales se adaptarían mejor a la escasez de agua.

Fernando Chiffelle, secretario regional ministerial de Agricultura de Tarapacá, explica que tienen dos ejes principales en los que deben trabajar: mantener lo cultural, pero a la vez asegurar alimentación. Clave para esta adaptación a los cambios son las inversiones en áreas como el riego, que permitirán recuperar la actividad agrícola regional.

Gladys González Letelier tiene una plantación de limones de pica, mango y tangelos en Matilla, a 4 kilómetros de Pica. Al principio reconoce que no entendía mucho de agricultura, pero que por necesidad tuvo que aprovechar su tierra y plantar. Con apoyo de Indap aprendió algunas técnicas para cuidar sus árboles. A medida que avanzaba, también la ayudaron a instalar paneles solares. Con apoyo de Ciren e Indap le enseñaron a usar de manera eficiente el agua.

«Yo antes regaba mis árboles toda la tarde, pero con la escasez de agua, me enseñaron cómo hacerlo mejor y a qué horas, para usar menos agua, pero sin dejar de cuidar mis plantaciones», explica la agricultura nortina.

Chiffelle agrega que el estudio permitirá que autoridades y servicios del agro tomen medidas para asesorar a las comunidades a adaptarse desde ya a los cambios climáticos, para que puedan mantener las tradiciones de la región y, de esa manera, además asegurar cierta independencia alimentaria.

«Ya tenemos una tradición, una experiencia de agricultura del desierto. Ya sabemos lo que ocurrirá y nos estamos adaptando», explica Chiffelle. Actualmente, la actividad agraria de la zona es tan baja, que no alcanza a marcar su importancia en el PIB regional. Esto ocurre también porque las zonas de agricultura con regadío efectivo suman 1.150 hectáreas. Para entenderlo mejor: solo en Aconcagua (Región de Valparaíso) hay más de cien mil hectáreas regadas.

Además, implicaría volver a usar técnicas como las terrazas, que permiten hacer un uso más sostenible del agua.

Los desplazamientos en Biobío y Ñuble

En el estudio hecho para Biobío, que considera la zona que hoy pertenece a la Región de Ñuble, Ciren plantea que si bien las propiedades del suelo son buenas para ciertas especies, muchas veces el clima de la región ha restringido su desarrollo. Con el aumento de la temperatura, habría más seguridad para cultivar más especies. No obstante, los frutales de hoja caduca podrían verse afectados, ya que necesitan cierto período de frío «para romper el receso y luego calor para el desarrollo y correcta maduración de la fruta», explican.

Otro aspecto que hacen presente es que con la disminución de las heladas no mueren los insectos, lo que podría significar un aumento de plagas. El golpe de sol tan fuerte para las especies de clima templado tampoco es bueno. Esto genera daños en los tejidos y luego en la fruta, lo que hace que al madurar, el producto sea de menor calidad. Para esto se deberá considerar el aumento en la radiación UV y pensar desde ya en proteger las plantaciones.

En cuanto a clima, se menciona que la temperatura aumentaría, especialmente hacia el interior, siendo los sectores más afectados Chillán y Bulnes. En la costa, en tanto, se mantendría más o menos similar. Esto provocaría una mayor demanda hídrica, que aumentará en cerca de 10%, y en particular en las plantaciones frutales, estima Ciren, al tiempo que plantea será necesario modificar el sistema de riego para que sea más eficiente.

Con el aumento de calor, los grados día necesarios para los frutales se demorarán menos en ser alcanzados. Esto dará la oportunidad a otras especies que puedan ser cultivadas en terrenos que antes no contaban con las necesidades mínimas de temperatura.

En todos los casos, se deberá reconsiderar el calendario agrario y cambiar las fechas de plantación y cosecha, para aprovechar mejor las temporadas de frío y de calor.

En lo concreto, el estudio advierte, por ejemplo, que las zonas muy aptas para el cultivo de arándanos y frambuesas, dos frutales menores que han ido adquiriendo importancia en la zona, disminuirán y aparecerán otras en sectores más altos.

En el caso de la vid, no disminuye tanto la cantidad de terreno muy apto para su producción, pero sí se mueve hacia la parte más alta formando una franja entre Chillán, Bulnes, Cabrero y Laja. Además, con la disminución de heladas, se requerirán menos recursos para prevenirlas y enfrentarlas.

Para la producción de papas, otro comodín para el productor, el mapa actual muestra que los suelos con aptitud agrícola actualmente ocupan toda la zona costera, pero la proyección advierte que ocupará el mismo sector, pero disminuirá el terreno muy apto.

Crédito: Verónica Gutiérrez

tres nuevas variedades de uva de mesa nacional y 10 selecciones avanzadas

El Consorcio Tecnológico de la Fruta de ASOEX, continúa desarrollando nuevas variedades de uva de mesa en el marco del Programa de Mejoramiento Genético (PMG).

Durante el “Día de Campo y Evaluación de Fruta del Programa de Mejoramiento Genético (PMG) de Uva de Mesa” realizado en el huerto experimental de Curacaví del Consorcio Tecnológico de la Fruta de ASOEX, el Ministro de Agricultura, Antonio Walker destacó el esfuerzo que se está realizando por desarrollar variedades nacionales de uva de mesa.

El programa cuenta a la fecha con 26 selecciones avanzadas de uvas de mesa, diez de las cuales están siendo evaluadas en huertos comerciales en las principales zonas productivas de esta fruta desde Copiapó a O´Higgins.

Con este proyecto se busca generar uvas rojas, negras y verdes de alta calidad, sin semillas y de larga vida de poscosecha. “Hoy, tenemos cerca de 26 selecciones avanzadas de uvas de mesa, algunas de las cuales, al menos tres, estarían en condición de convertirse en variedades en alrededor de 2 años más, lo cual entregará al sector una mayor competitividad en los mercados de destino”, señaló Ronald Bown, Presidente de Asoex y del Consorcio Tecnológico de la Fruta.

Destacó también la importancia de este tipo de programas para la industria chilena de la fruta, ya que, permiten contar con genética chilena, lo cual facilita el proceso de reconversión, dado que los desarrollos han sido probados en distintas regiones y con distintos manejos.

Una de las características importantes de este programa, es que se está buscando que las variedades de uvas de mesa que se desarrollen, posean resistencia a hongos, lo anterior fue detallado por el Dr. Patricio Arce, Director del PMG de Uva de Mesa del Consorcio Tecnológico de la Fruta de ASOEX, “ya contamos con desarrollos que muestran una gran resistencia a oídio. Este hecho es realmente clave, pues está estrechamente ligado a la sustentabilidad, pues significará para los productores el uso de menos productos, y consecuentemente menor costo de producción. Será una uva perfecta para orgánico”, expresó.

Nueva tecnología permite que frutas y verduras duren el doble

Se desarrollo recubrimiento comestible

13 de marzo de 2019

Alrededor de un tercio de los alimentos que se producen, son desperdiciados y nunca llegan a la mesa. Esto representa 1.3 mil millones de toneladas,  aproximadamente 1 billón de dólares. En general, los productos desechados son aptos para el consumo humano, pero cuentan con detalles estéticos que dan la impresión que están pasados, por lo que se decide deshacerse de ellos.

La empresa Apeel tiene una solución que podría revertir ese efecto, ha desarrollado un recubrimiento comestible, incoloro, inodoro e insípido que logra que los alimentos duren dos o tres veces más.

La capa está hecha con pulpa, cáscaras y semillas de otras frutas y verduras (lípidos y glicerolípidos) que se hacen polvo, se mezclan con agua y luego se aplican mediante pulverización, inmersión o cepillado para finalmente dejarse a secar.

Con esta tecnología se promueven prácticas de cultivo más sostenibles, alimentos de mejor calidad y menos desperdicio. Este recubrimiento actúa como una barrera, que reduce la pérdida de agua y limita la exposición al aire, factores principales en el deterioro de los alimentos.

De acuerdo a su fundador y CEO James Rogers, En EE. UU., ya se han tratado 8 millones de paltas con el producto Apeel. En pruebas pilotos, minoristas y proveedores lograron reducir el desperdicio de alimentos en más del 50% gracias al recubrimiento, según cifras de la compañía.

El desafío

El gran desafío que tiene Apeel es lograr que los productores, comerciantes y consumidores acepten comer algo que ha sido tratado de esta manera, comenta Danielle Nierenberg, presidenta de Food Tank. El consumidor suele ser quisquillosos cuando se trata de innovaciones relacionadas con los alimentos. Apeel puede ayudar a los consumidores a sentirse más seguros de comprar frutas y verduras, sabiendo que es menos probable que se desperdicien.

Fuente: Mundo Agro